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¿Hasta qué punto la nutrición afecta a la mente?

Sunday 12 February 2017

En este artículo anterior introducía la estrecha relación entre cuerpo y mente; y concluía que cualquier enfermedad física y/o psicológica tiene como origen una perturbación a nivel físico y/o psicológico. 
En este presente artículo me gustaría centrarme sobre la influencia de los desarreglos físicos sobre las enfermedades psicológicas, y más concretamente, hasta qué punto la nutrición puede cambiar nuestra mente.

 

En el libro de la Dra. Campbell-McBride, “El síndrome del intestino y la psicología GAPS”, se explicita cómo una flora intestinal disbiótica o desequilibrada, incide en el desarrollo de enfermedades psicológicas, como la depresión, la anorexia y bulimia, el transtorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de oposición desafiante; y en las enfermedades neurológicas, como el autismo, la esquizofrenia, la epilepsia, el Alzheimer, etc.
Después de unos cuantos años de experiencia tratando a niños con esta problemática, me gustaría dar a conocer una observación.
Es importante distinguir entre dos familias de enfermedades mentales: psicológicas y neurológicas. En las psicológicas, como la palabra indica, hay una componente muy importante de psicología. Es por ello imprescindible que la persona siga un tratamiento psicológico adecuado con un terapeuta especializado. Difícilmente se logrará sanar una persona con una patología de este tipo a nivel agudo si no hay un trabajo a nivel psicológico. En estos casos, una terapia a nivel nutricional es de gran ayuda, pero no es suficiente. En cambio, las patologías neurológicas, y yo añadiría también la hiperactividad y el déficit de atención, tienen un origen principalmente fisiológico a nivel del cerebro, por lo que una acción a nivel nutricional se traduce en una mejoría notable, e incluso curación en numerosos casos, sin necesidad de ninguna otra terapia añadida.
El Dr. Amen (1) muestra, a través de sus estudios sobre el cerebro realizados con escáners SPECT, que existe una correlación importante entre los desórdenes mentales y la actividad del cerebro. Así por ejemplo, muestra cómo las personas con déficit de atención tienen una actividad del córtex prefrontal muy inferior al de una persona normal, y que, de hecho, cuando más intentan concentrarse, más disminuye dicha actividad; es decir, cuanto más intentan concentrarse, menos lo consiguen. Otros desórdenes psicológicos, como la ansiedad, la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno bipolar, etc.,  están relacionados con otras alteraciones en diferentes partes del cerebro. 
El Dr. Amen propone una serie de intervenciones de tipo psicológicas, naturopáticas y nutricionales, para mejorar estas enfermedades. Y si es necesario recomienda también, como buen médico psiquiatra, medicamentos psiquiátricos. 
Nadie ni nada va a impedir que se pase por un doloroso duelo cuando hay una separación o una pérdida de un ser querido, pero el impacto puede ser más o menos grande, según el estado físico y psicológico de la persona. Herbert Shelton (2) dice que en un estudio sobre nutrición y factores mentales, se encontró que los choques emocionales son superados por las personas en buena salud con un mínimo de daños y no dejan efectos perjudiciales. Pero sí que resultan en problemas permanentes en aquellas personas las cuales se ha descuidado la salud, particularmente la salud digestiva.
Así que vale la pena seguir a diario una alimentación correcta del cuerpo, mente y espíritu, viviendo bien nutridos (Living Fully Nourished).

Referencias:

1) Dr Daniel Amen, “Magnificent mind at any age”

2) Herbert Shelton, “Hygienic Systems Vol II. The science and fine art of food and nutrition”

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